VACACIONES EN LONDRES

 

El mes de marzo de 2008 se iba a convertir en una fecha que deberíamos marcar en el calendario de nuestra vida con rotulador rojo y bien claro. Íbamos a poner nuestros pies en territorio británico, en su capital, Londres, la ciudad más cosmopolita y variada del mundo y, para muchos, la capital de ese mundo. Una ciudad que, aunque nunca se haya visitado, se conoce por todas sus historias, leyendas y reclamos.

Aprovechando las vacaciones de Semana Santa íbamos a estar en la ciudad del Támesis del 22 al 26 de marzo.

SÁBADO 22: 

El avión tomó tierra alrededor de la 1 de la tarde, cogimos las maletas y fuimos a comprar los billetes del autobús de Terravison en el stand que tienen en el aeropuerto. El billete de ida y vuelta nos salio 14 libras por persona.

En una hora estabamos en Londres, en Liverpool Street, junto a la City (a unos 50 km de el aeropuerto de Stansted) y ahí comenzó nuestra aventura.

Teníamos planeado tomar la línea amarilla desde la estación de metro de Livepool Street hasta Paddington, donde estaba ubicado nuestro hotel. Pero debido a las fiestas de Semana Santa dicha línea estaba completamente cerrada hasta el día 24 y parte de otras líneas también, con lo cual tuvimos que buscar nuevas alternativas.

Tuvimos nuestra primera toma de contacto con el metro, llamado “tube” por los londinenses. Compramos la travelcard para un día y a viajar. Decidimos comprarla día a día porque al ser fin de semana y el lunes fiesta no había horas punta esos días y nos salía más barato que comprar la travel de tres días.

Montamos en el Tube y nos dejó encantados. Para mí no tiene comparación con muchos otro metros. Cada 2 ó 3 minutos llega un tren, hace las paradas con tiempo suficiente (no como otros que hay que entrar corriendo y empujando porque si no te quedas fuera), luego la gente dentro es de lo más variado y sobre todo educadísima; a nada que te rozan ya te están pidiendo perdón.

Tomamos la línea rosa hasta Baker Street, y desde allí a Paddington fuimos en autobús. En poco llegamos al hotel. Teníamos reservado un bed&breakfast, el The Brunel Hotel, un hotel antiguo pero bastante bien para lo que es Londres si buscas algo económico. Buena limpieza general con calefacción y aire, etc. Para dormir y darse una ducha más que suficiente.

Tras comer unos bocadillos que llevábamos de casa decidimos salir por la ciudad. Nos acercamos a la estación de metro de Paddington, a unos 200 metros del hotel, y concluimos nuestro viaje en Charing Croos, saliendo a la mismísima Trafalgar Square.

Admiramos la estatua de Nelson y la fachada de la National Gallery. Después tomamos la calle que nos llevara al Parliament (desde la plaza se ve el Big Ben) y en 5 minutos llegamos. Vimos el Parliament con el Big Ben, el London Eye y Westminster Abbey, que está junto al Parliament.

Tras ello fuimos por St James park a tomar la avenida que nos llevara a Buckingham palace, “The Mall”. Antes de llegar pasamos junto a los palacios de las Horse Guards que están en el parque. Llegamos a The Mall y en nada estábamos en Buckingham, precedido por la estatua en homenaje a la reina, que por cierto estaba en casa.

Todas estas cosas parece que están lejos. pero no es verdad, están mucho más cerca de lo que parece y entre 5 y 10 minutos se llega andando tranquilamente.

Tras ésto volvimos a Trafalgar Square para coger el tube de vuelta al hotel, no sin antes entrar en un Tesco (recomendable hacerlo por el dinero que se ahorra) para comprar la cena, que nos salió por unas 10 libras para los dos.

Con todo esto habiamos terminado nuestra primera jornada poco antes de la 9 de la noche.

DOMINGO 23:

 Nos levantamos de la cama y vimos que estaba nevando, pero eso no nos desanimó. Desayunamos en el hotel y fuimos al metro. Compramos unas nuevas travelcards (5.30 cada una) y nos fuimos hasta la parada de Tower Hill.

Salimos junto a la torre de Londres y nos dirigimos a ella.

Tras ver la torre cruzamos el famoso puente, el Tower Bridge, y nos encontramos con un barco de guerra en el Támesis que ahora es un museo militar  Continuamos paseando junto al río hasta llegar al Millenium Bridge, donde volvimos a cruzar para ir a parar a St Paul Cathedral, donde entre otras muchas cosas contrajeron matrimonio Carlos y Diana de Gales. De la catedral pasamos a la zona de Temple, donde se encuentra la iglesia de los caballeros templarios, la misma que se cita en el famoso best seller El Codigo Da Vinci.

Allí comimos un bocadillo y tomamos de nuevo el tube, esta vez con destino a Picadilly Circus.

Pasamos la tarde en Picadilly y a ultima hora nos fuimos a Hyde Park Corner para ver la situación y visitarlo al día siguiente.

 

LUNES 24: 

Al despertarnos descubrimos que la nieve quería acompañarnos otra jornada más por las calles de Londres, así que tocaba abrigarse bien de nuevo y paraguas en mano.

Este era el día para ver el cambio de guardia en el palacio de Buckingham ya que durante las fiestas no se realizaba a diario, con lo cual ese fue nuestro primer destino.

Nos presentamos frente al palacio y dejó de nevar y llover, pero a pesar de eso el cambio de guardia fue suspendido por el mal tiempo. Yo me enfade mucho, como buen balmasedano. El motivo de mi enfado fue al no comprender como esa gente que va abrigada a tope, con botas buenas y esos gorros que dan calor suspende algo por el tiempo. Además ya no llovía, y sin embargo, en mi pueblo, Balmaseda, celebramos la Pasión Viviente que representa las ultimas horas de la vida de Jesús y se sale haga lo que haga, llueva, nieve o lo que sea, y con trajes que son nikis que no llevas nada por debajo y así, de ahí mi enfado patrio. Aunque para consuelo nuestro, gente que ya lo había visto nos comentó que no nos perdíamos gran cosa.

Tras la suspensión nos fuimos a Hyde Park a pasar el resto de la mañana, ver la ardillas y el lago y comer tranquilamente.

Ya por la tarde decidimos ir a Harrods, para mirar, porque alguien de estatus medio allí solo puede mirar.

MARTES 25: 

Nuestro último día completo en Inglaterra lo dedicaríamos a un lugar que a mí poco me gusta por su forma de “agenciarse” tesoros. Estoy hablando del museo británico, donde un 85% de las cosas que allí hay no deberían de estarlo, pero en fin, para criticar hay que saber y ver creo yo.

Tras recorrer el museo aún nos quedó un poco de tiempo para cumplir una tradición de todos mis viajes, ver un estadio o campo de fútbol de la ciudad. Me hubiese gustado ir a Wembley o al estadio del Arsenal (por aquello de que juega un paisano mio alli) pero el que mejor pillaba era el Estadio del Chelsea, Stanford Bridge.

Entre el estadio y nuestro hotel había una parada de metro que no queríamos dejar escapar, Notting Hill, y allí bajamos para ver uno de los barrios donde vive gente de la alta sociedad inglesa.

Un paseo por sus calles y de vuelta al hotel para pasar nuestra última noche.

MIERCOLES 26: 

Este era el día de nuestra marcha. Ya casi casi nos sentíamos un poco londineses y creo que en nuestro interior siempre guardaremos un grato recuerdo de esta ciudad y de este viaje. Un lugar que a mí personalmente me ha maravillado, sobre todo su variedad de gentes, el civismo que yo he descubierto y sobre lo cual tenía un concepto totalmente erróneo y contrario a lo que he visto por culpa de la televisión y los medios (cosa a la que estoy acostumbrado por desgracia) y la educación de sus ciudadanos.

Desayunamos en el hotel y nos dirigimos a Liverpool Street para tomar el bus que nos llevaría al aeropuerto de Stansted. A las 12 subimos al avion y dos horas después ya estábamos en casa.

ALBUM DE FOTOS.