Cracovia, el corazón cultural de Polonia.

Cracovia es la segunda ciudad de Polonia, tras la capital, Varsovia, sin embargo es la ciudad más visitada del país y yo diría que la más acogedora y vital.

Cuando la visite en 2010, inmerso en un viaje Interrail, me dejó fascinado, he de reconocer que no esperaba tanto de ella y me enamoró.

Durante 500 años fue la capital de Polonia, hasta 1596 cuando Varsovia se convierte en el nuevo centro polaco, sin embargo Cracovia conservó el honor de ser reconocida como capital cultural, honor que se mantiene hoy en día. También siguió siendo el lugar donde se coronaban los reyes.

Su historia esta llena de sobresaltos, invasiones y ocupaciones, siendo las más recientes aquellas más inmediatas, previas y posteriores, a la Segunda Guerra Mundial. Este conflicto bélico no se ensañó con la ciudad, hay quien dice que es debido a que en Cracovia cayó una de las siete piedras mágicas que hay en el mundo, pero sus habitantes sufrieron las mismas persecuciones que el resto de territorios ocupados por los nazis, sobre todo los judíos. La población hebrea, que llegaba a los 65.000 habitantes quedó mermada y reducida a poco más de 6000 personas. Fueron recluidos en un gueto al otro lado del río y poco a poco trasladados a campos de concentración, como el cercano Auschwitz.

La ocupación soviética llegó bajo la mascara de la liberación, si bien no fue tan cruel como el nazismo, Polonia sufrió durante estos años el aplastamiento, la represión y la incultura del regimen soviético, así como el abandono de sus monumentos que posteriormente fueron restaurados y rehabilitados por los sucesivos gobiernos locales.

Las calles de la ciudad vieja, el barrio judio (Kazimierz), el gueto de Podgorze o sus parques y las orillas del Vístula, son lugares que no dejan indiferentes. Si a ese espectacular marco añadimos la amabilidad de sus gentes y la enorme vitalidad que muestra la urbe, tenemos la combinación perfecta para pasar unos días de los más agradable.

Prueba de su encanto es que no pasó desapercibido para la UNESCO, quien declaró su Centro Histórico como Patrimonio de la Humanidad en 1978. Pero la mejor manera de descubrir las bondades de la ciudad es plantarse en la Rynek Glówny y patearsela de arriba abajo.

La Rynek Glówny no es otra cosa que la Plaza del Mercado, epicentro de la ciudad vieja. Tiene el honor de ser la plaza medieval más grande de Europa, con sus 40.000 m².

Como su propio nombre indica, fue creada para la celebración del mercado, en el que se colocaban diferentes puestos repartidos sin mayor ordén que el de ocupar el espacio que se encontrase libre. Más tarde se construyó el edificio Sukiennice o Lonja de Paños para ubicar esos puestecillos.

Rodeada de bellos edificios de 2ó 3 alturas como máximo el elemento que más destaca es Sukiennice, pero también llaman la atención la Basílica de Santa María y sus torres a diferentes alturas, la pequeña Iglesia de San Adalberto y la Torre del antiguo Ayuntamiento, único elemento dela vieja casa consistorial que se conserva. 

Entre la basílica y la lonja uno de los muchos monumentos a Adam Mickiewicz que existen a lo largo y ancho de todo el país, lo que no es de extrañar tratándose del Gran Patriota polaco.

Mucho cuidado porque si nos despistamos podemos correr el riesgo de pasar gran parte del día en la plaza, las terrazas que abarcan todo su perímetro son una gran tentación y nos invitan a disfrutar de un buen café o una piwo (cerveza) mientras vemos el paso de la gente.

De una esquina de la plaza, junto a la basílica, nace la calle Florianska, parte del Camino Real que unía la plaza y el Castillo del que ya solo queda la Barbacana de acceso y un pequeño lienzo de la muralla. Sin duda una de las calles más encantadoras de Cracovia.

En dirección contraria la calle Grodzka nos dirige a la colina de Wawel, desviándonos unos metros para ver un par de edificios interesantes, como la iglesia franciscana originaria del siglo XIII aunque bastante remozada tras sufrir nada menos que cuatro incendios, o la iglesia dominica.

En la propia calle Grodzka la iglesia de San Pedro y San Pablo, construida por los jesuitas en 1583 y en cuya entrada nos reciben las estatuas de varios apóstoles, bien merece detenerse unos instantes. Junto a esta la iglesia de San Andrés, una de las más antiguas de Polonia.

 

Llegados a la colina de Wawel apreciamos uno de los espacios más bellos de la ciudad. Aquí se levantó un pequeño castillo en el siglo XI que posteriormente fue ampliado por el rey Kazimierz Wielki, quien lo convirtió en un elegante palacio. Por desgracia, años más tarde fue arrasado acometiéndose la ultima restauración en 1918, la cual se extendió hasta pasada la II Guerra Mundial. Hoy en día el complejo esta formado por varios edificios que albergan diferentes museos, tales como las Cámaras Reales, los Apartamentos Reales privados o el Tesoro de la Corona.

Como no podía ser de otra manera, junto al Castillo debía encontrase un templo para la salvación de las almas reales. Se trata de la Catedral de San Wenceslao y San Estanislao, un edificio gótico original del siglo XIV. En su interior hay un gran número de capillas que engalanan el edificio y también varias criptas. La llamada Cripta de los Poetas, donde descansan grandes hombres de la historia del país, tales como Mickiewicz o Slowacki, o la Cripta Real.

Bajo la colina, entre los muros de protección y la ribera del Vístula, se encuentra un lugar muy curioso, la Cueva del Dragón. Cuenta la leyenda que un príncipe construyó un castillo sobre la colina de wawel atraído por el paraje, sin embargo no tuvo en cuenta la existencia de un dragón que moraba en una cueva bajo la colina. El monstruo atacaba a las personas y al ganado que osaban acercarse a su cueva y tenía atemorizada a toda la población. El príncipe se vio obligado a actuar para proteger a sus súbditos y decidió emplear su inteligencia en vez de su fuerza. Ideó un plan infalible. Tomó varias ovejas y las impregnó con azufre, para que así al tragarlas el dragón comenzase a sufrir unos terribles ardores en el estomago. Debido a las molestias, se lanzó al agua para aliviar su dolor y estalló.

Estamos cerca del barrio júdio, Kazimierz. En su origen se trataba de una localidad independiente, pero en el siglo XIX se unió a Cracovia. Durante años convivieron en él cristianos y judíos de manera pacifica aunque poco a poco fue quedando exclusivamente población hebrea, hasta que durante la II Guerra Mundial fueron trasladados por los nazis al gueto creado al otro lado del río.

Tras la guerra el barrio perdió su esencia, algo que jamás recuperaría. Paso a ser habitado por gente de mala reputación, vagabundo y malhechores. Por suerte tras la década de los 90 el consistorio decide rehabilitar la zona, creando en ella y barrio con locales de moda donde se asentaron muchos jóvenes, la mayoría de ellos universitarios que dinamizan la vida en la zona.

Kazimierz ha ganado fama tras la pelicula de Spielberg, “La lista de Schindler”, basada en la historia real de Oskar Schindler, un ingeniero que evitó el traslado de miles de judíos a campos de concentración.

Varias sinagogas atestiguan el pasado hebreo del barrio, así como el cementerio y un museo etnográfico en la plaza Wolnika, en el edificio del antiguo ayuntamiento.

         

Nos acercamos al río para cruzarlo por una pasarela peatonal, entramos en Podgorze, el gueto judío durante la guerra. Tres puntos son imprescindibles si nos decidimos a cruzar el Vístula; la plaza Podgorski, donde se encuentra la iglesia de San José, la plaza Bohaterrów, lugar donde se seleccionaba a las personas que iban a ser trasladadas al campo de concentración. En recuerdo de esas personas, Piotr Lewicki y Kazimierz Latak repartieron por toda la plaza varias sillas, sillas que representan todo el mobiliario que la gente transportaba y que debió abandonar allí mismo antes del que fue, posiblemente su ultimo viaje.

Junto al edificio más moderno de la zona una señal nos indica el camino a seguir hasta la fábrica de Oskar Schindler que hoy alberga una exposición llamada “Cracovia bajo la Ocupación Nazi entre 1939 y 1945”.

                      

Crucemos de nuevo el río para disfrutar tranquilamente de las calles de Cracovia, además si disponemos de más tiempo, lo cual es totalmente recomendable, podemos realizar dos actividades en las cercanías de la ciudad: Las Minas de Sal de Wieliczka a 15 kilómetros y el Campo de Concentración de Auschwitz a poco más de una hora en autobús.

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2 pensamientos en “Cracovia, el corazón cultural de Polonia.

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