Oñati, la Toledo vasca

Oñati es una villa situada en el sudoeste de Gipuzkoa, en la comarca del Alto Deba o Debagoiena en Euskera, a 73 kilómetros de Donostia/San Sebastián y a 64 de Bilbao.

Fue Villa del Señorío perteneciente a la familia Gevara y entre los siglos XV y XIX Condado. Ese estatus de Condado permitía a los condes disfrutar de privilegios sobre el pueblo llano, algo que a los vecinos de Oñati no gustaba demasiado. Cobraban tantos impuestos como querían, nombraban a su antojo a las autoridades civiles y eclesiásticas e impartían justicia a su antojo. Las protestas y motines fueron continuas, pero siempre aplacadas por los condes. Los vecinos querían anexionarse bien al territorio de Álava o de Gupúzcoa.

No fue hasta 1540 cuando se solicitó legalmente la incorporación a Gipúzcoa. Tampoco sirvió de mucho la vía legal, ya que el pleito fue perdido por los vecinos de la villa, teniendo que esperar hasta la abolición de los derechos señoriales en 1845, para ver cumplida su petición.A pesar de la tiranía de los Gevara, hubo otras familias poderosas en la Villa. El obispo Mercado de Zuazola pertenecía a una de ellas. Este prelado fundó en 1548 la primera universidad del País Vasco.

Tal es la riqueza patrimonial y monumental de Oñati que llevó al celebre pintor Ignacio Zuloaga, ha definirla como “La Toledo Vasca”.

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La Universidad “Sancti Spiritus” no se corta a la hora de compararse con las grandes universidades de la época, como la de Salamanca, Valladolid o Bolonia. Entre sus muros se impartieron grados de Teología, Leyes o Medicina entre otros, hasta 1901, cuando fue clausurada por decreto.

 Nos da la bienvenida su portada plateresca, donde la iconografía muestra al estudiante las virtudes que debía tener como meta. Sobre la puerta por la que accedían los alumnos la figura orante del fundador y encima de él el escudo de armas del Emperador Carlos I.

Una vez dentro del edificio, esta joya arquitectónica nos muestra el patio central a modo de claustro de dos alturas en las que se distribuían la capilla, las aulas, el refectorio y las cocinas en la baja y el aula magna y los dormitorios en la alta.

De doble arquería con recia balaustrada en su plata alta y enjutas decoradas con escudos y medallones que contienen cabezas históricas y mitológicas.

Los artesonados mudéjares mantienen la belleza del lugar pero sin duda destaca el de la escalera que da acceso a la primera planta.

Sobre el césped descansa la obra del oriotarra Jorge Oteiza, “La Tierra y la Luna”.

La Capilla cuenta con un magnifico retablo plateresco que por desgracia no se puede visitar.

 

De camino a la Plaza de los Fueros vemos la iglesia de San Miguel y su claustro sobre el río, único en España. Se trata de un templo del siglo XIII que ha sido reformado y ampliado con el paso de los años. Se le añadieron dos naves a la original y en el XVI se construyó el claustro y en el XVIII se acometió el último añadido, la torre neoclásica.

En su interior destacan la capilla de la piedad con el fascinante mausoleo de Zuazola, atribuido a Diego de Siloé (autor de la Escalera Dorada en la Catedral de Burgos o la propia Catedral de Granada entre otras muchas obras), la cripta donde descansa la familia Gevara y el retablo barroco.

La Plaza de los Fueros es el centro neurálgico de la villa, construida en el siglo XIX tras la integración de Oñati en la provincia de Gipuzkoa, con el objeto de organizar su callejero. Erigida entre la iglesia y el edificio de la casa consistorial, hizo necesario embovedar el río y se levantaron dos edificios con soportales, uno de ellos adosado al ábside del templo.

La sede del ayuntamiento data de 1778. Fue construida en estilo Barroco Rococó por orden de Martín Carrera. Profusamente decorado, la linea del alero se rompe levantándose a modo de frontón clásico, espacio donde se cobija el escudo de la villa.

El escudo simboliza la victoria de los gamboinos sobre los oñacinos, acaecida durante las Guerra de Bandos que asolaron Euskadi durante la Edad Media, representados por el águila y el ciervo que observamos.

Junto al ayuntamiento se ubica la Torre y el Palacio de Lazarraga, del siglo XVI y perteneciente al actual Duquede Sotomayor Carlos Martínez de Irujo. Cuando éste no se encuentra en el palacio los jardines se hayan abiertos para el disfrute de oñatiarras y visitantes.

La torre de Lazarraga fue erigida por Juan López de Lazarraga, Contador Mayor de los Reyes Católicos y secretario personal de la reina Isabel en sus últimos años de vida.

Este hombre tuvo un enfrentamiento con la familia Gevara, quienes mostrando su maldad, le negaron el permiso para realizar una sepultura en la Iglesia de San Miguel. En venganza por el desplante del Conde, Juan Lopez fundó el Monasterio de Bidaurreta para que las clarisas rezasen por su alma in saecula saeculorum.

A 10 kilómetros del centro de Oñati se encuentra el SANTUARIO DE ARANZAZU, un peculiar centro espiritual que llama la atención por su inusual modernidad, ubicado en el parque natural de Aizkorri, junto a las cumbres más altas de Euskadi.

Cuenta la tradición que a un pastor se el apareció la Virgen en este lugar, encima de un espino. El pastor, sorprendido exclamó en euskera: Arantzan zu?, lo que significa ¿tú el un espino? Y de ahí proviene el nombre del santuario.

La basílica que hoy podemos apreciar data de mediados del siglo XX y no estuvo exenta de polémica, ya que su estilo modernista no era muy del gusto de quienes opinaban que se debía respetar los preceptos de la iglesia en arte sagrado.

A mediados del siglo XV se levantó el primer santuario y la orden de Fanciscanos se instaló allí, aunque fue necesario remodelar el templo en varias ocasiones ya que tres incendios no tuvieron piedad de él en 1553, 1622 y 1834.

Nada más llegar a las inmediaciones del santuario lo primero que nos sorprende son las dos torres de la fachada principal y el campanario. Realizadas con bloques de piedra que terminan en punta, simulando así las espinas del arbusto en el que se apareció la Virgen, son un elemento único en lo que a arquitectura religiosa se refiere. Entre las dos torres una fachada lisa en cuya parte baja se sitúan las cuatro puertas, obra de Eduardo Chillida. Sobre las puertas, las esculturas de los apóstoles de Oteiza, que curiosamente son catorce.

Si accedemos al interior nos seguimos sorprendiendo con la imagen tan atípica del templo, deteniéndonos en el Retablo Mayor de más de 600 metros cuadrados y realizado en madera tallada y policromada.

En la parte inferior se encuentra el camarín donde se ubica la talla de la Virgen de Aranzazu, patrona de Gipuzkoa.

Según el artista que realizó el retablo, las formas que en el se hallan “representan la paz”. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

 

Bajo la basílica se sitúa la cripta, el único espacio que se conserva del templo original. Actualmente esta decorado por 18 paneles que el artista bermeotarra Nestro Basterretxea dibujó en la década de los ochenta. En ellos plasma su particular visión “del mal y del pecado, de la redención, de la penitencia, de la expiación y del martirio que conducen a la Gloria.

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