Salamanca. “Una fiesta para los ojos”

Salamanca es historia, leyenda, misticismo, pero también es vida, alegria, cultura, conocimiento. Salamanca es una y tantas a la vez, una ciudad medieval bañada por las aguas del Tormes que, como dijera el gran Cervantes “Enchiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”.

Razón tenía Cervantes, al menos eso creo yo, pues no hay año que no sienta la irremediable necesidad de visitar la ciudad charra.

Salamanca ha sabido guardar las pinceladas que la época medieval reflejó en ella y eso para un amante de la historia como yo es algo digno de admirar. Su casco histórico, Patrimonio de la Humanidad, bien merece la pena que nos perdamos por él. Dejemos que nuestros pies hagan el camino, olvidémonos del reloj, escuchemos el silencio y transportémonos a otros tiempos, a otra forma de ver y sentir la vida, a otras costumbres y a otras necesidades. Salamanca es historia viva y yo, le muestro mi respeto por el esfuerzo de no morir con el paso del tiempo.

Su plaza mayor, el corazón de la ciudad, es un alarde para los sentidos. Destaca en ella la fachada del ayuntamiento pero tampoco nos podemos olvidar del mítico Café Novelty, que lleva sirviendo más de cien años y por sus mesas han pasado grandes personajes de la historia de España.

Fue construida en 1755 por Alberto Churriguera, albergando la sede del ayuntamiento desde entonces, también ha sido espacio de mercados, corridas de toros, conciertos, etc. pero si de algo puede presumir la Plaza Mayor es de ser el corazón de la ciudad, el motor que da vida a la urbe, punto de encuentro para salmantinos y foráneos.

Saliendo de la plaza, lo hagamos por donde lo hagamos, descubriremos bellas callejuelas medievales, no obstante, yo prefiero hacerlo por la plaza del Corrillo y su coqueta iglesia de San Martín, para desembocar en la Rúa Mayor, que nos lleva, pasando junto a palacetes, viviendas de época medieval y terrazas de los innumerables establecimientos hosteleros que se extienden por esta vía principal de casco antiguo, hasta la plaza de Anaya, donde nos esperan las dos Catedrales.

Si hay algún edificio que destaca en esta calle es la Casa de las Conchas. Uno de los palacios más conocidos y populares de Salamanca. Construida por deseo de Rodrigo Arias Maldonado, caballero de la Orden de Santiago en el siglo XVI, llama la atención por las conchas de su fachada. No se sabe a ciencia cierta cuales fueron los motivos que llevaron a su colocación pero parecen evidentes. El uso de la cocha como motivo ornamental en la heráldica de su esposa y ser símbolo de la Orden de Santiago. Podemos entrar al patio interior del palacio, donde los estilos medievales, mudéjar y renacentista se entremezclan mostrándonos una bella estampa con un toque señorial.

Frente a la Casa de las Conchas se encuentra la Clerecía, pero dejamos su visita para más adelante.

En la plaza de Anaya se encuentran las catedrales de Salamanca. Un peculiar dos en uno, pues estas dos catedrales están la una (vieja) dentro de la otra (nueva). Fuera parte de las características religiosas y/o arquitectónicas estas catedrales cuentan con un par de elementos cuando menos curiosos. en la fachada junto a la puerta norte se encuentra la figura de un astronauta y no muy lejos de él un dragón con un helado.

La Catedral Vieja, románica y erigida entre los siglos XII y XIV. En su interior podemos deleitarnos con un Retablo Mayor de gran calidad, el claustro y varias capillas. La Capilla de Santa Bárbara destaca sobre las demás por ser el lugar donde se celebraban los grados de Doctor de la universidad hasta 1843 y también varios juramentos de rectores. Fue fundada por el Obispo Juan Lucero, cuyos restos descansan en el centro de la capilla.

Los estudiantes que debían examinarse pasaban la noche anterior encerrados en la capilla, sentados en una silla y con los pies apoyados en el sepulcro del Obispo. A la mañana siguiente los examinadores entraban y comenzaba la prueba.

La explicación de que los exámenes tuvieran lugar en la Catedral es que en los inicios de la actividad universitaria de la ciudad las clases eran impartidas en el templo al no contar con edificio algún para la docencia.

La población de Salamanca aumentaba considerablemente y el templo se queda pequeño, se hacía patente la necesidad de levantar un nuevo edificio para el culto a Dios. En un principio se planteo la posibilidad de derruir la catedral existente y levantar la nueva valiéndose del terreno logrado, pero la imposibilidad de trasladar las misas a alguna otra iglesia de la ciudad y las previsiones del tiempo que se tardaría en concluir la nueva catedral, salvaron de la demolición a la antigua.

Durante las obras ambos templos convivieron y menos mal porque la Catedral Nueva tardó en construirse más de dos siglos.

De estilo gótico fue, junto a la de Segovia, una de las ultimas catedrales construidas de este estilo en España. Sufrió las consecuencias del Terremoto de Lisboa pocos años después de ser consagrada y aún hoy pueden verse algunas cicatrices del suceso en muros y vidrieras.

Es un templo de planta rectangular, con tres naves y numerosas capillas. En su interior destacan el Cimborrio del crucero, la Capilla Mayor o el coro.

En el exterior debemos detenernos en sus fachadas. La principal, en la calle Cardenal Plá y Deniel profusamente decorada en cuyo alto domina un cristo crucificado.

 

Aunque no es la principal, la Portada de Ramos, el la plaza Anaya, es la más conocida de todas. En ella un relieve muestra la entrada de Jesús en Jerusalén, pero no es el elemento que los visitantes buscan. Un pequeña figurilla descoloca al observador pues no es habitual ver un astronauta en la portada de una iglesia. Tiene su explicación. En 1992 se decidió restaurar la portada debido al mal estado en que se encontraba y con motivo de la exposición temporal “Las edades del Hombre” que tendría lugar en la Catedral durante los años 93 y 94. La colocación del astronauta no es debido a otra causa sino la tradición de incorporar un elemento contemporáneo en cada restauración. No solo se esculpió el hombrecillo sino que otras figuras se incorporaron a la piedra, como es el caso de un simpático dragón con un cono de helado.

 

Frente a la fachada principal de la Catedral sale la calle Calderón de la barca, ideal para llegar hasta el edificio de la Universidad.

 En la fachada principal de la universidad , todo visitante debe detenerse hasta encontrar la famosa rana. Y es que el encontrar tan preciado animal posado sobre una calavera, ha sido objeto de muchas leyendas (no podía ser menos estando en Salamanca), dicen que si la ves volverás a Salamanca alguna vez, tendrás éxito en los exámenes, te casarás pronto, etc. Sin embargo no parece ser esta la intención del escultor, más bien mostrar la rana como símbolo de la lujuria y, situándola sobre una calavera, transmitir el mensaje de que el pecado de la carne nos llevará a la muerte. No hay que olvidar que la Universidad fue construida en el siglo XVI, años de gran fervor católico y estaba directamente ligada a la iglesia, al ser una Universidad Pontificia.

Ya lo dijo Unamuno “lo malo no es que vean la rana, sino que no ven otra cosa”, en relación a los estudiantes de principios del siglo XX, quienes buscaban la rana para gozar de buena suerte en los exámenes y nos se detenían a ver nada más. No le faltaba razón y seguro que se desilusionaría al ver que hoy, no solo no ha decaído la obsesión por el animal si no que ha crecido de manera descomunal. La fachada plateresca de la Universidad, del edificio de las Escuelas Mayores para ser más exactos, es una obra maestra de tal estilo que no debiera dejara nadie indiferente y sus elementos decorativos bien merecen el privilegio de ser observados con detenimiento.

Nosotros abandonamos el lugar, pero Fray Luis de León se queda impasible al paso del tiempo como un observador de lujo. En 1869 se colocó, en el patio de las escuelas la estatua que honra al Agustino y profesor de la Universidad. Fue el autor de una curiosa anécdota que seguro muchos conoceréis. Su gran existo como docente, contando con varias cátedras en su haber, alumbraron envidias en sus competidores que buscaron la manera de deshacerse de el y ocupar sus cargos. Fray Luis cometió un error, tradujo la biblia y otros libros a la lengua vulgar, la que hablaba la población más baja. Ello estaba prohibido por la iglesia y fue aprovechado por sus rivales, que le denunciaron ante la Inquisición. Se inicio un proceso contra el y, aunque finalmente fue absuelto, paso cinco años encarcelado, tras esos cinco años de ausencia regreso a las aulas y al empezar el primer día de clase pronuncio la famosa frase “Como decíamos ayer….” obviando el paso del tiempo y continuando su labor allá donde la dejó.

 

Abandonamos a Fray Luis y la calle libreros nos lleva a la Clerecía. Buscamos su fachada principal, frente a la Casa de las Conchas. Edificio erigido por los jesuitas, con el apoyo financiero del Rey Felipe III, como seminario destinado a formar religiosos que extendieran la fe por el mundo. Actualmente es sede de la Universidad Pontificia (la moderna, no confundir con la antigua y hoy pública que dejó de ser pontificia en 1852 por orden real), fundada en 1940 por el interés del Episcopado Español en contar con un centro docente a su imagen y semejanza.

 

En realidad podemos hablar de un edificio de tres cuerpos bien diferenciados; la iglesia, el colegio y la residencia.

La iglesia y su claustro barroco son los elementos más reseñables para los visitantes, así como sus torres, a las que se puede subir para apreciar una de las panorámicas más completas de Salamanca.

Si dejamos caer la noche por las calles de Salamanca tenemos varias opciones, y eso ya depende del gusto de cada uno, pues como ya hemos dicho Salamanca es ciudad de leyendas y misticismo y por tanto, podemos revivirlas, pero también es ciudad universitaria y de juventud, lo que conlleva, inevitablemente, que la noche salmantina es una de las más animadas.

Sea como fuere la estampa de las calles, palacios y templo de la ciudad vieja iluminados es una imagen que se quedará grabada en nuestra memoria para siempre, pues Salamanca, como dijo Unamuno “Es una fiesta para los ojos y para el espíritu”.

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Fotoescapada- Salamanca, ciudad monumental y universitaria.

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4 pensamientos en “Salamanca. “Una fiesta para los ojos”

  1. Pingback: Que ver en Salamanca: Escapada a una ciudad monumental y universitaria

  2. Acabamos de leer un post sobre Salamanca en Fotoescapada y ya íbamos con ganas, pero después de leerte a ti definitivamente tenemos que ir allí. Eso si, nosotros somos tan torpes que seguro que nos lleva horas encontrar a la dichosa ranita 😛

    • Reconozco que no soy objetivo cuando hablo de Salamanca porque me encanta. La descubrí en un viaje de estudios y desde entonces quede maravillado con ella, así sin más.
      He vuelto en varias ocasiones y no dejare de hacerlo, ampliamos la visita a otros lugares de la provincia y no nos cansamos de ella.

      Que no se convierta en una de esas ciudades que se quedan en el tintero por el hecho de tenerla cerca y ser sujeto del tan típico “bah, si esta aquí al lado, podemos ir cuando sea…” y al final se va dejando. Precisamente, Salamanca esta a tiro de piedra de Madrid y cualquier fin de semana es bueno para disfrutarla. Esta preciosa tanto en verano como en invierno y cada época tiene su encanto.

      Buscar la ranita es sencillo y además una experiencia divertida. Cuando os plantéis frente a la fachada os daréis cuenta de que todos los que estéis allí estaréis buscando lo mismo, jeje

  3. Pingback: Oñati, la Toledo vasca | goikoviajes

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