De pueblo en pueblo. La Alberca. Cápitulo 14

Situada a los pies de la Peña de Francia, como recibiendo los cuidados de la Virgen a quien allí arriba se le dedica un santuario.

La Alberca ha sabido pasar los años sin perder su esencia, las casas originales del siglo XVIII, porticadas muchas de ellas y con un estilo constructivo muy peculiar, destacando la madera vista en sus fachadas.

A diferencia de la tónica habitual en otros pueblos, las casas de La Alberca no muestran en sus portadas escudos blasonados de familias nobles o guerreras, sino que cuentan con motivos e inscripciones religiosas. Esto provoca diversas teorías, una cree que se trata de una localidad muy religiosa y otra promulga que fue repoblada tras la Reconquista por conversos que deseaban proclamar su adhesión a la fe cristiana, más por conservas su tierra que por creencia real.

El paseo por la localidad es transportarse a una forma de vida diferente, más pausada, más relajada y, por que no, más saludable. No vamos a encontrar grandes catedrales, palacetes ostentosos o monumentos significativos y esa es la magia de La Alberca. Se potencia el poder de los sentidos en lugares como este, la vista se deleita ante el contraste de los colores, sobre todo en primavera cuando el gris de la piedra pelea con el verde, el rojo y el blanco de las flores en las balconadas de las casas. El olfato nos muestra el ambiente puro y rural que nos aleja de la realidad de las grandes ciudades.

 

Caminando por sus estrechas callejuelas llegamos al centro, a la preciosa Plaza Mayor. Un emplazamiento porticado presidido por la fuente y el crucero del siglo XVIII. Los edificios que la rodean la dotan de gran singularidad, pues no goza de ninguna regularidad y eso la hace más especial. Las balconadas de madera de las que brotan exuberantes plantas llaman la atención en el mismo instante que entramos en la plaza. El ayuntamiento y la Casa Ducal, perteneciente a la casa de Alba, son los edificios más destacados.

 

Cerca se encuentra el templo mayor, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Construida en el siglo XVIII por el arquitecto Manuel de Larra Churriguera, participante en obras tan importantes como la Catedral Nueva de Salamanca, la remodelación del Arco de la Estrella de Cáceres o la iglesia nueva del Monasterio de Guadalupe, todo ello integrado en conjuntos que son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Adherida a la iglesia se encuentra la Torre del siglo XVI, superviviente de la antigua iglesia que fue derribada por el inminente riesgo de derrumbe.

El paseo debe continuar pausado, fijándonos en los detalles de las casas, en cada esquina, en las piedras que forman el suelo de las calles y con cuidado de no chocarnos con el gorrino que los albercanos dejan suelto.

Esta del marrano es una historia muy curiosa, pues los vecinos los sueltan por las calles y entre todos lo alimentan y engordan. El día de San Antonio se rifa y los beneficios son donados.

Debemos tener cuidado, pues aquí las horas pasan sin darse cuenta y si nos coge la noche en vez de con el gorrino nos toparemos por las calles con la Moza de las Ánimas, no debiendo entorpecer su cometido. Se trata de una mujer que recorre las calles del pueblo deteniéndose en las esquinas y tañendo tres veces una campana, a continuación recita plegarias en memoria de los difuntos.

Se puede, casi diría que se debe, complementar la visita a La Alberca con la ascensión al Santuario de la Peña de Francia, donde las vistas son preciosas.

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