Ávila. Tierra de caballeros

Ciudad de santos y de cantos” la denominó Juana I. No seré yo quien contradiga a toda una reina, pero la definiría como “ciudad de santos y de guerreros”, aunque tire por tierra toda belleza poética.

Antes de adentrarnos en la capital española situada a mayor altitud, para ubicarla y comprenderla mejor, vamos a hacer un repaso de la historia de Ávila, pues la ciudad castellana es historia en sí y bien merece la pena conocer algunos datos.

El origen de Ávila es confuso: aquí la mitología y la fantasía vencen a todo rigor histórico, así que vamos a saltar directamente a la Edad Media tan solo citando que por aquí pasaron Vetones (pueblo celta, prerromano, que dejó en Ávila “de recuerdo” los famosos verracos) y romanos.

Allá por el año 712, Tariq, que había llegado a la península por Gibraltar (quien le debe su nombre), arrasó la ciudad, desatando una época especialmente cruenta. En 742 Alfonso I de Asturias la toma para manos cristianas, regresando, gracias a Abderramán I en 785 a poder musulmán.

En estos años la ciudad de Ávila se encontró en la llamada Tierra de Nadie, entre musulmanes y cristianos. Quedando prácticamente despoblada y sufriendo continuos saqueos y las correrías de ambos bandos.

Entre 1080 y 1085 el rey Alfonso VI el bravo decide avanzar desde la línea del Duero que ya tenía controlada hacía años, hasta la línea del Tajo, avance que concluyó con la toma de Toledo. En este período Ávila quedó definitivamente introducida en territorio cristiano. Esta nueva tesitura hacía necesario defender la ciudad de las posibles acometidas del bando musulmán, además de la repoblación correspondiente.

Raimundo de Borgoña fue el encargado de llevar a cabo la repoblación de Ávila. Como curiosidad podemos decir que Raimundo de Borgoña fue el encargado de repoblar las tres ciudades castellanas que hoy son Patrimonio de la Humanidad (Salamanca, Segovia y Ávila). Casualidad o no, ahí queda el dato.

En estos años se comenzaron a construir las murallas que vemos hoy en día, levantadas en tiempo récord y finalizadas en 1099. En esta época Ávila vivió un gran apogeo, pero a medida que la Reconquista avanzaba hacia el sur, la ciudad perdía protagonismo, por ello Alfonso X, el sabio, se vio obligado a dar privilegios a los habitantes para evitar una nueva despoblación.

Pasaron los años de una manera más o menos tranquila hasta que llegó el siglo XIX y la ciudad vivió una importante decadencia que duró hasta la década de los 60. Ya en el siglo XX, Ávila comenzó a despuntar, gracias en parte a su atractivo patrimonio que atrajo, entre otros, a cineastas que decidieron rodar aquí sus películas.

El 4 de octubre de 1985 su casco histórico es declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y desde 2005 está integrada en la Red española de Juderías.

Hecho este repaso por la historia de la ciudad abulense, vamos a introducirnos de lleno en las calles del casco histórico.

Nos engañaríamos sí dijésemos que al cerrar los ojos y evocar la ciudad de Ávila no nos viene la imagen de sus magnificas murallas. Evidentemente, estas son su seña de identidad.

Ya hemos comentado anteriormente que las murallas que podemos ver actualmente datan de finales del XI. Han sido conservadas con mimo y esmero, permitiendo que el viajero actual pueda transportarse tanto en el espacio físico como en el tiempo. Estas murallas tienen una longitud de 2,5 kilómetros, 12 metros de altitud media, 88 cubos redondos que tanto caracterizan a esta fortificación y 9 puertas de acceso.

Hoy esas puertas ya no lo son como tal, ya no se abren y se cierran, ya nadie controla nuestro paso, pero no habrá quien nos impida imaginar a guardias y centinelas que algún día velaron desde estas puertas por la tranquilidad de la ciudad y sus gentes.

De esas nueve puertas podemos destacar algunas.

La Puerta de Mala Ventura. Esta puerta nos conduce irremediablemente a una de las leyendas que cuentan de Ávila. Dicen que doña Urraca, huyendo del rey Alfonso I de Aragón, quien pretendía deshacerse del hijo de doña Urraca y heredero al trono de Castilla, se refugió en Ávila. El aragonés asedió la ciudad durante días y exigió que le mostrasen al niño para comprobar que estaba vivo a la par que tomaba como rehenes a setenta nobles abulenses. El rey pidió que se le entregase el pequeño y, al negarse quienes estaban dentro de la ciudad, asesinó a los setenta nobles. Aquellos nobles salieron del recinto fortificado por esta puerta.

Más tarde, en 1492, los judíos también emplearon esta puerta para abandonar la ciudad tras la publicación del edicto que decretaba su expulsión del reino.

Puerta del Alcázar. Es una de las puertas más llamativas del recinto. Cuenta con dos torreones de 20 metros de altura y 7 de espesor, grabado en sus piedras el escudo de los Reyes Católicos y junto a ella está el monumento a Santa Teresa de Jesús.

Puerta del Carmen. Quizá sea esta la que más llama la atención. Coronada por la espadaña del convento de Carmelitas Calzados, hoy hogar de varias cigüeñas que en ella han decidido anidar.

Puerta del Peso de la Harina. Se encuentra junto a la catedral. Tiene un aspecto totalmente diferente al de las demás y cuentan que fue precisamente desde esta puerta desde donde los nobles abulenses mostraron el hijo de doña Urraca a Alfonso de Aragón.

Esta última puerta que mencionamos es el lugar idóneo para trasladarnos a la Catedral.

Se trata de la primera catedral gótica de España y no cumple meramente su función religiosa, sino que también tuvo su carácter militar debido a la época conflictiva en que fue construida, y es por ello que sus muros forman parte de la muralla de la ciudad. No hay constancia certera del inicio de su construcción, pero todas las teorías fiables la sitúan entre los siglos XI y XII, aunque posteriormente sufrió varias modificaciones y añadidos.

Si paseamos tranquilamente por Ávila nos encontramos con muchos lugares atractivos que no obligan a hacer cuantos altos en el camino sean necesarios.

La plaza del Mercado Chico y el Ayuntamiento, que en ella se encuentra, es uno de esos lugares.

Situada en el corazón de la ciudad, dicen que esta pequeña plaza es el lugar de Ávila que más historia ha visto, y no lo pongo en duda. Sede del mercado semanal de la ciudad desde hace muchos años, ajusticiamientos en el Medievo, reclutamientos e incluso coronaciones reales. El actual edificio del ayuntamiento, de estilo isabelino data de 1868. Coronado por dos torres que dan más fuerza al reloj que se sitúa en el centro de la fachada y que fue colocado en 1881.

El convento de Santa Teresa y la basílica de San Vicente son, junto a la catedral, los templos cristianos más destacables de la ciudad abulense.

También cuenta con reseñables edificios civiles, como lo son la Mansión de los Velada, el Torreón de los Guzmanes o el Palacio de los Dávila; del Siglo XVI los dos primeros y anterior el Palacio de los Dávila.

Pero Ávila no son solo sus monumentos, templos o museos; Ávila es vivir su calle, respirar su ambiente y sentarse a descansar admirando el paso del tiempo.

La calle de San Segundo es una suave paseo que, bajo un coqueto arbolado nos lleva paralelos a la muralla y la zona donde la Catedral se mimetiza con esta.

 

Otro de los lugares que nos invitan a disfrutar de sus calles es el Paseo del Rastro. Uno de los lugares favoritos de los abulenses para pasear y descansar. Junto a la muralla y divisando a lo lejos la Sierra de Gredos. Aquí tiene lugar otra de las leyendas que afaman a este singular enclave de la geografía peninsular. Al más puro estilo de Romeo y Julieta, don Gonzalo y doña Guiomar vivieron su amor imposible debido a la rivalidad de sus familias. El padre de doña Guiomar decidió encerrarla en el Palacio de los Dávila para evitar que se viesen y don Gonzalo edificó un castillo al otro lado del valle para divisar el mirador de su amada aunque fuese desde la lejanía.

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8 pensamientos en “Ávila. Tierra de caballeros

    • Me alegro de que te guste el post.
      Ávila es una ciudad que se puede ver en dos días, en una escapada de fin de semana y merece la pena. Solo ver sus murallas ya es excusa para ir hasta allí.

      Un saludo

  1. Una ciudad preciosa y dónde se come de lujo, le has dado un buen repaso. Cuando vivíamos en Madrid muchos findes nos íbamos para allá a pasar el día, nos encantaba!!! Un abrazo!!! 😉

    • A mi me gusto mucho y tuve tiempo de disfrutarla a tope. Era una de esas ciudades que siempre dejábamos “para otra ocasión” hasta que me planté y decidí que ya no lo dejaba pasar más.

  2. Me regalaron para mi cumple una smartbox de casas rurales y no sabiamos donde ir a gastarlo, pero después de leer el post ya se donde acabaremos en septiembre.. Una información muy valiosa y además súper completa. Muchas gracias por compartirla. Un saludo

  3. Pingback: Avila: Ciudad amurallada - Callejeando por el mundo

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