Palacios reales de Europa. 1ª parte

La Vieja Europa ha sido, en su mayoría, regida por monarcas y emperadores desde tiempos inmemorables. Algunos países hace tiempo que dejaron de hacerlo para convertirse en repúblicas en las que sus jefes de Estado son elegidos democráticamente por el pueblo, otros aún cuentan con regímenes monárquicos.

Sea como fuere, el caso es que de esos reinados nos quedan legados diversos palacios o recintos reales que son dignos de ser visitados. Bien por su belleza, su enclave, su historia, su entorno, etc.

Aquí os hablo de algunos de los que yo he visitado.

PALACIO DE PRAGA

Integrado en el Castillo de Praga, junto a la Catedral de Praga, el Convento de San Jorge u otras tres iglesias más, el Palacio real es hoy residencia del presidente del país, pero fue creado, en el siglo IX, para morada de los reyes de Bohemia. Al paso de diversos reyes, emperadores de y presidentes el castillo fue cambiando su cara hasta como lo conocemos hoy en día.

 A pesar de ser original del año 870, vivió su época más esplendorosa durante el reinado de Carlos IV, quien comenzó las obras de la Catedral de San Vito, lugar de coronación y ultima morada de quienes reinaron en estas tierras.

 Desde 1918 es sede del presidente de la república.

 Si llegamos en metro a las inmediaciones del Castillo, nos debemos bajar en la parada Malostranska y comenzar una pequeña subida hasta llegar la que entrada secundaria.

También podemos llegar en el tranvía 22 hasta el otro ala del Castillo.

En nuestro acceso al Castillo podemos pasar por el llamado Callejón (o callejuela)del Oro, un lugar de llamativas casas en las que en otro tiempo vivieron orfebres, alquimistas y artistas.

Al llegar al primer espacio abierto nos aborda la parte trasera de la Catedral, que llamará todo nuestra atención, pero nos debemos obviar otros edificios situados en esta plaza, como la basílica de San Jorge y su característica fachada roja.

Si continuamos por la parte izquierda de la Catedral, pasaremos bajo el pasadizo que la une con el Palacio Real y entraremos en otro espacio abierto donde la fachada lateral del templo y la la fachada rosácea del Palacio Real son los elementos a destacar.

El Palacio Real data de del siglo XII pero, al igual que los edificios de su alrededor, ha cambiado su fisionomía a lo largo del tiempo. Esta situado junto a la Catedral y unido a esta por un pasadizo.

En su interior podemos observar diferentes estilos constructivos, como el románico original o el gótico.

Destacan las salas Ladislao, estancia principal del palacio, de la Dieta, sede del Parlamento medieval, y la capilla de Todos los Santos.

 

Es el Palacio tuvo lugar uno de los acontecimientos más curiosos de la historia de Praga y que los checos aún cuentan con una sonrisa en la boca. En tiempos de Fernando II, en el año 1618, la aristocracia protestante se incomodo por la aflorante fe católica del rey y como éste acabo con la tolerancia hacía los protestantes. Aprovecharon la oportunidad de colarse en el Palacio y capturar a dos gobernantes y a su secretario. Los lanzaron por una ventana con el objetivo de asesinarlos y así presionar al rey, pero no consiguieron tal objetivo, pues las victimas cayeron sobre un montón de estiércol que amortiguo la caída salvándoles la vida. El acontecimiento fue empleado por la iglesia Católica como una demostración de que Dios estaba de su lado.

Tras ver el Palacio podemos dar la vuelta a la Catedral y entrar si lo deseamos, pues también merece la pena visitarla. Existe la posibilidad de acceder a la torre sur de 96 metros de altura.

PALACIO DA PENA. SINTRA

Altivo, en lo alto del Parque da Pena, como un barco en un mar boscoso o un pajaro que descansa erguido, dominando una gran porción de terreno. La vista se pierde en el mar, más allá de Estoril para soñar con los confines de la tierra, aquel espacio donde esperaban precipicios sin fin, en el que esperan dragones y monstruos marinos sedientos de vidas humanas, que más tarde se convirtió en la nueva tierra, objeto del deso de exploradores y aventureros.

 El palacio se encuentra a las afueras de la ciudad de Sintra, a unos cuatro kilómetros. Para llegar hasta él debemos hacerlo en vehículo particular o tomar un autobús que podemos tomar en la estación de tren y que nos dejara en la puerta del parque.

Una vez en la entrada al parque y tras adquirir los tickets se nos presentan dos opciones para llegar al palacio; tomar un minibus disfrazado de tranvía o caminar unos pocos minutos.

Una vez situados frente al arco de entrada el Palacio nos seduce al primer vistazo.

En este pequeño patio debemos conocer varios datos y aspectos relacionados con el lugar y su historia.

Durante una excursión por el inmenso parque la Reina doña María II y su esposo Fernando II se enamoraron del lugar en el que les mostraron las ruinas de un monasterio de frailes jerónimos devastado por el terremoto de 1755. Decidieron construir aquí un nuevo palacio para sus estancias veraniegas.

La construcción del edificio fue dura y larga, de 1842 a 1854 tuvieron que esperar los monarcas para poder habitarlo. Junto al palacio se reformo el gran parque que lo rodea, dando lugar a uno de los espacios botánicos más importantes del país.

 

Considerado como la máxima expresión del Romanticismo portugués, cuenta con un mix de estilos del que podemos destacar el manuelino, fuente de gran orgullo para el pueblo luso.

El uso de los diferentes colores de sus fachadas y los elementos decorativos que aparecen a lo largos de arcos, balaustradas, columnas o ventanas llamarán nuestra atención y nos mostraran el carácter soñador y excéntrico de sus creadores.

Perteneció a la Familia Real hasta la muerte de Fernando II, quien lo dejó en herencia a su segunda esposa, la Condesa d´Edla. En 1889 fue adquirido por el Estado, adquisición promovida por el rey Luis I y en 1910, tras la implantación de la República se convirtió en el Museo que es hoy en día.

Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con el parque anexo en 1995.

 Estamos preparados para pasar bajo el escudo de armas de Fernando II de Portugal y Saxecoburgo Gotha, en el arco de entrada.

Llegamos a un nuevo patio en el cual la fachada (la principal del Palacio) decorada con azulejos de estilo morisco. La vista se nos va inevitablemente al pórtico vigilado por la figura del Tritón.

 Cruzando el pórtico del Tritón aparecemos en el Patio Dos Arcos, desde el que podemos acceder a la Capilla, parte original del monasterio de los monjes de la Orden de San Jerónimo. La Torre del Reloj preside esta parte del Palacio, donde podemos ver el restaurado claustro manuelino o le fantástico Salón Árabe, decorado con bellos frescos. Si salimos a l Terraza de la Reina podremos observar desde el mejor lugar, la peculiar estructura del Palacio.

Es el momento de adentrarnos en el interior del Palacio propiamente dicho. Sus dependencias están cuidadas con mimo y merece la pena observarlas con detenimiento.

Avanzaremos entre estancias oficiales, dormitorios, comedores, salas dedicadas al ocio, espacios religiosos o las cocinas. Todas ellas con el mobiliario original de la época. Mobiliario que dejara aquí el ultimo monarca de Portugal, Manuel II, tras proclamarse la República.

Las salas y salones son más pequeños de lo que cabe esperar en un palacio, pero este de la Pena se debió adaptar al terreno y al ser un palacio de verano tampoco buscaron la inmensidad que si se buscaba en las residencias habituales.

De todo, el Salón Noble es el más grande e importante, por ello era el destinado a las recepciones oficiales. También es conocido como Salón de los Embajadores o del Billar.

Visitamos las cocinas, en las que se conservan muchos utensilios y la vajilla original, grabada con el escudo de armas de Fernando II.

Una vez visto, y si el día acompaña, podemos “perdernos” por el parque que envuelve el Palacio. Hay diferentes itinerarios marcados para que podamos ver algunos de los elementos más llamativos del parque.

Pequeños estanques, jardincillos, lugares de refugio frente a las inclemencias meteorológicas, templetes y de repente la “Estatua del Guerrero”. Una escultura que la tradición dice representar a Fernando II vigilando su obra.

Debemos sacar fuerzas para llegar al punto más alto del parque ( y de la sierra de Sintra), la Cruz Alta. Lugar donde, desde el siglo XVI, hay una cruz latina. Hoy no es la cruz lo que hace subir hasta allí a los visitantes, sino que son las impresionantes vistas lo que atrae a las personas que aquí se desplazan. Por un lado la sierra, por el otro la inmensidad del mar y abajo la figura elegante del Palacio Da Pena.

PALACIO DE ORIENTE

El Palacio Real de Madrid se encuentra sobre el solar que ocupaba el antiguo Alcázar, destruido por un incendio en 1734. Desde 1561 era residencia oficial de la monarquia española y Felipe V no quiso trasladar la corte a otro lugar, por eso mandó construir el nuevo Palacio en el mismo emplazamiento.

En 1738 comenzaron las obras, dirigidas por Giambattista Sacchetti, discípulo de Filippo Juvara, arquitecto que en un principio iba a ser el encargado de la construcción, pero a quien la muerte sobrevino en 1736.

En 1764 Carlos III comenzó a vivir en el Palacio siendo el primero que lo haría. El ultimo monarca que lo habitó fue Alfonso XIII, aunque se puede decir que la ultima persona que vivió en él fue el presidente de la II República, Manuel Azaña.

Aunque actualmente es la residencia oficial de SSMM los reyes de España, estos viven en el Palacio de La Zarzuela, más acogedor y familiar para la actual Casa Real.

Cuenta una anécdota en la que Alfonso XIII, abuelo del actual rey de España, se quejaba del aspecto poco acogedor del Palacio diciendo que las cocinas estaban tan lejos del comedor que para cuando la comida llegaba a la mesa ya estaba fría. Aunque también los elevados costes que supondría que los reyes viviesen el él también tendrán algo que ver.

 

Accedemos por la Plaza de la Armería, la que se encuentra entre el Palacio y la Catedral de La Almudena. Tras adquirir la entrada que nos permitirá visitar los salones oficiales, la Real Armería y la Real Farmacia, nos dirigimos al otro ala de la plaza y allí comenzamos a visitar el interior del palacio.

Nos recibe la estatua de Carlos III armado a la romana y su mirada nos indica el lugar en que se alza la maravillosa Escalera Principal, diseñada por Sabatini.

 

El primer salón al que llegaremos es el Salón de los Alabarderos, también llamado Salón de Guardias por se aquí donde se sitúan los guardias en los actos oficiales. En él destaca el fresco de Tiepolo “La apoteosis de Eneas”.

Pasamos a los salones más famosos del lugar; El Salón de Columnas y el Salón del Trono.

En el primero, donde SM el Rey recibe a las visitas, podremos ver una excelente colección de tapices, la bóveda decorada por Giaquinto y la estatua de Carlos I. Este Salón fue creado como espacio para banquetes y bailes, pero, tras la construcción de otro a tal efecto, el Salón de Columnas se utiliza para actos oficiales, algunos de gran importancia como la firma de adhesión de España a la Comunidad Europea en 1985.

El segundo salón, el del Trono mantiene la decoración original del siglo XVIII, en época de Carlos III. Este lugar cuenta con una exquisita decoración, un mobiliaro espectacular y una cristalería de la mejor existente en el momentos ( espejos de la Real Fábrica de Cristales de La Granja y lamparas de araña de Venecia).

El fresco del techo, “La apoteosis de la Monarquía española”, es obra de Tiepolo. El mobiliario fue tallado en Nápoles y cuenta con esculturas y pinturas de los grandes artistas de la época. Los leones de bronce fueron traídos de Italia por Velazquez.

Continuaremos pasando por diferentes salas y salones; Cuarto del Rey Carlos III, Salón Gasparini, Saleta Amarilla, comedor, Real Capilla, etc

Si debemos destacar alguno, yo me quedaría con el Salón de Gasparini. Era la Cámara de Carlos III. En este lugar el monarca desayunaba y se reunía con los Embajadores y grandes personalidades del país. Cuenta con una excepcional decoración inspirada en las grandes obras italianas, país al que Carlos III estaba muy apegado, no obstante reino en Nápoles durante un cuarto de siglo.

Mattia Gasparini fue el encargado de decorar esta sala y de ahí su nombre.

Su estilo rococó de tipo chinesco, el mármol del pavimento, la seda que cubre las paredes o la colosal araña nos detendrán en esta sala durante un buen rato.

Tras ver todos los salones empleados por reyes y reinas, regresaremos a la Escalera Principal para salir de nuevo a la Plaza de la Armería. No debemos abandonar el Palacio, pues nos queda por visitar la Armería y la Real Farmacia.

Visitaremos la Real Farmacia. En ella podemos ver salas de destilación, inmensidad de medicamentos guardados en elegantes frascos colocados cuidadosamente en bellos armarios.

La Real Armería cuenta con una de las mayores colecciones de su género a nivel mundial. Cuenta con armas y armaduras que pertenecieron a los integrantes de las diferentes casas reales que han pasado por España desde el siglo XIII. Veremos tanto las armaduras empleadas por las personas como las utilizadas por los caballos. También encontramos aquí algunas armas empleadas por nobles portugueses o árabes.

Antes de salir definitivamente del recinto, podremos admirar las vistas desde el ala oeste del Palacio. En primera instancia los jardines de Sabatini, de estilo francés y muy al gusto de la época, y más allá la Casa de Campo; hoy de uso y disfrute de los madrileños, antaño coto de caza propiedad de la Casa Real.

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