Budapest. La joya del Danubio.

Mencionar el Danubio es directamente proporcional a que a nuestra mente vengan un sonido y una imagen. El sonido sería el vals de Johann Strauss, El Danubio azul y la imagen sería Budapest. No debería ser así, pues el Danubio baña bellas ciudades comoViena o Belgrado, pero la asociación se ha hecho fuerte.
Había llegado el momento de conocer la “Joya del Danubio”, la bella capital de Hungría no se nos iba a resistir, la ciudad concebida tras la unión de Buda, Óbuda y Pest en una sola se rendiría a nuestros pies.

LLEGADA Y ALOJAMIENTO


Para esta ocasión buscamos dobles vuelos y aun así nos ahorramos bastante dinero.

Nuestro vuelo a Budapest saldría desde Madrid, por tanto debíamos desplazarnos a la capital. Para llegar a Barajas compramos un vuelo con Ryanair por 39€ cada uno ida y vuelta. Cogimos un vuelo con el que contaríamos con unas horas para estar en la ciudad y disfrutar del ambiente que había. No obstante era 1 de julio y el día anterior la selección española de futbol había conseguido ganar la Eurocopa. Había bastante jolgorio en el centro Madrid.

Para llegar a Budapest compramos un vuelo con la compañía wizzair wizzair.com El vuelo partiría de Barajas a las nueve de la noche y llegaría a la terminal 2 del aeropuerto de Budapest a medianoche. 

Para el traslado del aeródromo hasta nuestro hotel en el centro de Budapest, reservamos con antelación un taxi con la compañía volantaxi www.volantaxi.eu/ que cuenta con tarifas fijas para estos trayectos, siendo precios muy atractivos para estas horas de la noche.

Para pernoctar las siguientes cuatro noches nos decidimos por un hotel básico, funcional, limpio y barato. Yo diría que una formula hotelera que cada vez se va a ver más, sobre todo en grandes destinos. Estoy hablando del Easyhotel Budapest Oktogon, perteneciente a la compañía aérea Easyjet. 

Se trata de un hotel bueno cuando se va a usar para dormir y darse una ducha. Es decir, lo que la mayoría buscamos en este tipo de viajes. Las habitaciones no son amplias pero tampoco son enanas (y lo digo yo que mido 1,90), cama de matrimonio normal y cuarto de baño privado correcto, equipado con retrete lavabo y ducha. Además contaba con aire acondicionado y calefacción, eso si, mobiliario no busquéis. El personal era muy amable y se les veía con ganas de ganarse el, más que probable, mísero sueldo que se les ofrecerá. Al igual que la compañía aérea intentaran sacarnos el dinero por otro lado, como por ejemplo cobrando la televisión, el WIFI o la consigna, pero desde luego a nosotros ni nos interesaba la tele en húngaro, ni queríamos internet (estábamos de viaje de desconexión total), ni necesitábamos consigna. Así que por 29€ la noche nos hospedamos en este hotel que además estaba muy bien ubicado, a pocos pasos de Oktogon.

El trayecto en tren desde Budapest a Bratislava lo realizamos con la compañía Mav-Start, pagando 18€ por cada billete de ida y vuelta por un trayecto de poco más de dos horas y media. Los billetes los compramos en la misma estación Keleti, en Budapest, ya que los billetes de traslados internacionales no se pueden comprar por internet.


PRIMER DÍA EN BUDAPEST


El calor era insoportable, el termómetro sobrepasaba los cuarenta grados y ahí estábamos nosotros, dispuestos a recorrer Budapest, o a intentarlo.

El que estuviésemos sufriendo la mayor ola de calor en muchísimos años no nos iba a detener, aunque si nos obligó a tomarnos con más calma el proceso.

Teníamos reservada nuestra visita al parlamento por lo que esa sería nuestra primera visita del día. Tras desayunar, cambiar algo de dinero en una agencia y recorrer una pequeña parte de la calle Andrássy, tomamos la añeja línea 1 del metro (la segunda línea construida en Europa tras la de Londres). Antes de montar en el vagón nos hicimos con los abonos de transporte para 72 horas, que nos servirían para metro, tranvía y autobús. Tuvimos que hacer transbordo para finalmente salir a la superficie en la estación de Kossuth tér, junto al edificio del parlamento.

Una vez cerca de la puerta de acceso al parlamento, procedimos tal y como habíamos leído en internet (foros y algún diario); pasamos de la cola existente y le enseñamos nuestra reserva hecha por email, este nos mando pasar a una taquilla para canjear nuestras entradas (gratis por ser ciudadanos de la UE) y colocarnos en una cola diferente, esta ya para pasar al interior. La reserva la hicimos en la siguiente dirección:tourist.office@parlament.hu

 

La visita al parlamento se hace por grupos y guiada en el idioma que se elija. Se trata de una visita corta pero muy interesante, en la que explican cosas de la historia de Budapest y Hungría y temas del día a día en el ente nacional.

El edificio fue construido entre 1885 y 1904 inspirándose su homologo británico. Cuenta con 691 salas distribuidas de manera simétrica con epicentro en la sala de la Cúpula.

Comenzamos la visita y enseguida, y tras subir una bella escalinata, accedemos a la sala más valorada del lugar junto al salón del congreso. La sala de la Cúpula, en ella se encuentra la Grandiosa cúpula de 96 metros, punto más alto del edifico. A media altura hay varias estatuas de los reyes históricos del país y en una urna situada en el suelo y custodiada por varios guardias se encuentra el símbolo por excelencia de Hungría, la Corona de San Esteban, que junto al cetro, el obre y la espada, son las joyas de la coronación húngara.

 

Continuamos por salas y pasillos hasta llegar al Salón del Congreso. Una estructura ricamente decorada al estilo centroeuropeo y donde los 199 diputados (se aprobó hace ocho meses una ley para reducir el número de parlamentarios que estaba 386) guían el devenir de la nación.

Deshicimos nuestros pasos y regresamos a la escalinata principal para desde allí salir de nuevo a la calle.

El calor nos golpeo de nuevo brutalmente. Nuestra intención era la de comenzar a recorrer la ciudad sin pausa pero la meteorología nos lo impedía. Estuvimos sentados un rato a la sombra en un jardín que hay junto al parlamento y pronto comenzamos a callejear por Budapest.

Cogimos la línea 2 del metro hasta la estación de Astoria para acercarnos a la Gran Sinagoga. Se trata de la segunda sinagoga más grande del mundo, pudiendo albergar a más de tres mil personas.

En el patio interior de la sinagoga se encuentra el “Árbol de la Vida”, una escultura en memoria de los judíos asesinados durante el Holocausto. La obra simula un sauce llorón a tamaño real en el que sus hojas llevan inscritos los nombres de judíos desaparecidos.

Aún no teníamos mucho hambre pero era ya buena hora y decidimos buscar un lugar para comer y así tener toda la tarde por delante. En las inmediaciones de Astoria hay varios lugares.

Tras llenar el estomago nos acercamos en metro hasta Deak Tér, la única estación por el momento en la que coinciden las líneas, para llegar a la Basílica de San Esteban, patrón del país. A simple vista parece una iglesia más, nada del otro mundo, pero su interior no deja indiferente a nadie.

Casi de milagro encontramos una sombra en la plaza que preside la basílica y nos detuvimos unos minutos. Parece algo exagerado pero estábamos sufriendo temperaturas de 45 grados y eran las tres y media de la tarde, cuando el sol más aprieta.

Nos volvimos a meter en el metro, muchos de los trayectos que hicimos en el suburbano los pensábamos hacer a pie pero el calor no nos dejo, los días siguientes ya andaríamos un poco más. Menos mal que compramos el bono de transporte porque si no el presupuesto se habría multiplicado.

La siguiente parada fue Kálvin tér. Junto al templo Reformista de Kálvin tér. Un pequeño templo sin más que en verdad vimos por estar junto a la estación, si no no habríamos reparado en el. En verdad nosotros buscábamos el Mercado de abastos. En esta ocasión tan solo lo vimos por fuera, ya tendríamos tiempo de entrar en otro momento con más tiempo y a poder ser por la mañana que es cuando lo mercados más ajetreados están. Cerca del mercado se encuentra uno de los extremos de la Calle Váci, la más turística de Budapest y claramente orientada a eso, el turismo. Es una calle bonita pero eclipsada por la infinidad de bares restaurantes, tiendas de souvenris y toda clase de reclamos para el visitante con dinero fresco. Recorrimos la calle por completo hasta llegar a la plaza Vörösmarty, un interesante espacio abierto con tiendas y terrazas del que disfrutaríamos todas las noches antes de regresar al hotel. Desde la plaza nos acercamos al río para realizar el típico paseo en barco por el Danubio. La verdad que para el día que teníamos era una buena opción. Nos ofrecía sombra, ver bastantes de los puntos interesantes de la ciudad sin cansarnos (en algún momento del viaje los volveríamos a ver todos, esto era una toma de contacto) y para nada caro.

El paseo duró una hora aproximadamente y, a grosso modo, nos mostró: El parlamento, la isla Margarita, edificios de la ribera de Buda, Bastión de los Pescadores, Palacio Nacional, Colina Gellert, edificios de la Universidad, y los nuevos edificios de la ribera de Pest, además de todos los puentes que cruzan el mítico río. Todo ello amenizado por una audioguía que explicaba lo que íbamos viendo conjuntandolo con datos y hechos históricos de la ciudad y el país.

Tras el paseo regresamos a las inmediaciones del parlamento, para ver el Monumento de los Zapatos que esta junto al río. La verdad que es un lugar al que cuesta acceder, punto que debería de mejorar el ayuntamiento, ya que ni siquiera esta señalizado. Este lugar conmemora uno de las muchas atrocidades cometidas por los nazis durante la ocupación. Cogían a los judíos y por parejas, atados el uno al otro los ponían en el borde mirando al río. Tras quitarles los zapatos, pues en aquella época eran un bien muy valorados, disparaban a uno de ellos que caía al agua arrastrando al otro con él, que evidentemente se ahogaba. Según la versión “oficial” lo hacían así por ahorrar munición pero es más que posible que lo hiciesen para agrandar el sufrimiento.

 

Tras el necesario momento de recuerdo y respeto tomamos el tranvía, otro buen medio para moverse por la ciudad, además el que cogimos esta vez era el número 2, que discurre por la ribera del Danubio y es otra de las maneras de ver puntos interesantes de la ciudad sin cansarse. Volvimos a la calle Váci para sentarnos en una terracita y tomar una cerveza bien fría. Pensábamos hacer más en este día pero consideramos que con el calor que nos acompañaba era suficiente, teníamos aún día y medio para disfrutar de la ciudad. Por tanto ya solo cenamos y nos fuimos pronto al hotel, al día siguiente cogeríamos un tren a las siete de la mañana con destino a Bratislava.


ÁLBUM DE FOTOS

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La ciudad europea que me enamoró: Budapest – Entre el cielo y el suelo

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