De pueblo en pueblo. RENNES-LE-CHATEAU. Capítulo 3.

Rennes-le-chateau es una pequeña población de apenas 110 habitantes, que se localiza al sur de Francia, en la región del Langedoc. Se trata de la antigua ciudad Aereda, ya existente en tiempos de los romanos.

A pesar de ser una localidad tan pequeña, Rennes atrae a un gran número de visitantes cada año. Son turistas, curiosos y amantes del misticismo. No obstante Rennes-le-Chateau esconde entre sus muros un gran secreto, un secreto que ha sido protagonista de muchas leyendas y habladurías; la ultima de gran envergadura, la subyugada al best seller de Dan Brown, “El código Da Vinci”.

El protagonista de la leyenda en torno al misterio de Rennes es el párroco Bérenger Sauniére (1852-1917).

En junio de 1885 este párroco fue destinado a Rennes para encargarse de la iglesia del pueblo. Una iglesia en muy mal estado. No contaba con muchos recursos y se veía obligado incluso a cazar para poder comer. Contrato los servicios de un ama de llaves, Marie Denarnaud, con quien compartió su secreto y a quien a su muerte dejaría todos sus bienes.

A mediados de 1886 comenzó la reforma del altar mayor de la iglesia gracias al donativo de una condesa.

Mientras se realizaba esa obra, en la excavación del lugar los operarios informaron al párroco de que uno de los pilares estaba hueco. Este les ordenó excavar hasta que toparon con algo, entonces le obligo a salir del templo. Dicen que encontró cuatro pergaminos. (Algunos han llegado hasta nuestros días).

Con estos pergaminos Sauniére fue a visitar al obispo de Carcassonne que le envió a París. Aquí comenzó el cambio de vida del párroco. Volvió de París habiéndose codeado con la flor y nata de Francia y con tres obras del Louvre debajo del brazo.

A su regreso a Rennes su vida había cambiado por completo. Continuó con las obras de restauración de la iglesia y también en el cementerio de esta, cambiando algunas lapidas y borrando dos de ellas sin que se sepa el porqué.

Los resultados de dicha obra son visibles hoy en día, destacando la imagen de María Magdalena en el altar, una figura a tamaño natural del demonio Asmodeo (guardián de los secretos; tal vez con cierto significado) y 

la inscripción que, sobre la puerta de entrada, reza “Terribilis est locus iste”: Esté es un lugar terrible.

  

 

Pero no se acabaron ahí los excesos del párroco. Compró el terreno adyacente a la iglesia. En el levantó una casa y en el jardín una torre de dos pisos, la Torre Magdala. A todo el conjunto lo llamó “Villa Betania”.

Una vez terminada Villa Betania, Sauniére comenzó a recibir en ella huéspedes de alta alcurnia a los cuales no les faltaba de nada durante su estancia en Rennes.

 

Así vivió hasta que en 1917 falleció. En su lecho de muerte un cura se negó a darle la extremaunción y salió pálido de la alcoba.

Pero ¿de dónde salió el dinero para las obras y compras de terrenos? ¿Por qué se codeaba un pobre párroco de pueblo con personajes tan ilustres? ¿A que se deben la decoración de la iglesia y las reformas en el cementerio?

Aquí es donde comienza la leyenda, el misterio de Rennes-le-Chateu.

Dicen que durante esas primeras obras en el altar mayor de la iglesia, Bérenger Sauniére encontró unos pergaminos que podrían cambiar el curso de la historia; unos pergaminos que demostrarían la verdad sobre la iglesia, sobre Jesús y sobre su relación con María Magdalena.

Cuenta la leyenda que la iglesia guarda los restos de la esposa de último rey Merovingio. Esta dinastía siempre estuvo ligada a orígenes divinos, siendo descendientes de una hija de Jesucristo y María Magdalena. Uno de los manuscritos que el párroco encontró podría dar fe de este suceso.

Por ello cuando el párroco hizo saber que poseía estos documentos las altas esferas de la iglesia Católica se encargaron de hacer que Sauniére lo mantuviera en secreto, y de ahí toda la riqueza que el cura acumulo a lo largo de su vida y los elementos decorativos de la iglesia así como el nombre de la Torre Magdala.

Hoy esto parece algo imposible de saber pues Sauniére solo desveló su secreto a Marie Denarnaud y esta se lo llevó a la tumba.

Sin embargo antes de morir, Marie no descubrió el secreto, pero cuentan que en su vejez solía repetir una curiosa frase: “Los vecinos de este pueblo caminan sobre oro sin saberlo”.

 

Así, es por esto que el pequeño pueblo de Rennes-le-Chateau recibe miles de visitantes cada año, si bien su belleza o monumentalidad no tienen mucho que ver.

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