TÚNEZ. PRIMERA EXPERIENCIA AFRICANA.

 

Durante la primera semana del mes de marzo, mi fiel compañera y yo, nos embarcamos en nuestra primera aventura africana. Túnez era el destino elegido, un país con buenos precios y con un viaje corto; lo ideal para una escapada en estas fechas.

Tenía varios objetivos antes de llegar, que a la postre cumplí, pero no quería exigir demasiado ya que a parte de conocer y descubrir el país también queríamos descansar y olvidarnos de nuestros quehaceres diarios en un año en el que nuestros trabajos nos ocupan mucha parte del tiempo. Es por eso que unos días hicimos muchas cosas y otras nos dedicamos a descansar y pasear tranquilamente.

DÍA 1: LLEGADA SIN MÁS.

Tomamos el avión de Tunisair a las 17:20 y en dos horas clavadas estábamos pisando tierra africana. Para nosotros algo emotivo por tratarse de la primera vez que estábamos fuera del viejo continente.

Tras salir del aeropuerto y sus pesados controles, tomamos un autobús en el que deberíamos estar una hora hasta llegar a nuestro hotel.

Para cuando llegamos al hotel ya se había terminado el horario de cena, pero muy amablemente nos habían guardado algo de comer, escaso y frío pero suficiente para no morir de hambre.

Ya no haríamos nada hasta el día siguiente, puesto que era tarde, debíamos coger fuerzas para los días venideros y en la zona del hotel por estas fechas tampoco había mucho movimiento.

DÍA 2: TOMA DE CONTACTO CON LOS ALREDEDORES.

En este día tampoco haríamos mucho. Nos levantamos tarde y tras desayunar en el hotel nos dedicamos a dar una vueltilla por el Puerto y paseo marítimo que teníamos cerca del hotel. Después fuimos a visitar la Medina nueva de Hammamet, que no dejaba de ser un centro comercial árabe. Todo era muy artificial, muy preparado para el turismo. Por suerte ya sabíamos que era así y no nos pilló de sorpresa.

No hay que olvidarse de que Hammamet es el Benidorm tunecino y poco más que sus extraordinarios hoteles tiene.

DÍA 3: DESCUBRIENDO EL SAHARA.

El gran día de nuestro viaje, hoy era el elegido para bajar al desierto.

A las siete de la mañana poníamos rumbo al sur del país para llegar al desierto del Sahara, con alguna parada prevista en el camino. Los dos próximos días prometían ser intensos y emocionantes.

Aproximadamente dos horas después de la salida llegamos al pueblo de El Jem. En el se encuentran las ruinas del anfiteatro mejor conservado del mundo, aunque también es licito decir que en parte ha sido reconstruido.

En el pudimos pisar la arena, bajar a los sótanos donde aguardaban las fieras al combate y subir al graderío.

  

Tras la visita al Jem continuamos camino parando para comer en la ciudad de Gabes. Un exquisito Cous – Cous. Aunque el lugar no parecía de lo mejor la comida esta muy buena.

Avanzamos tras el parón de la comida hasta llegar al pueblo bereber de Matmata. Aquí vimos el interior de una casa Troglodita. El paisaje en este lugar se torna hostil y la visión es esperpéntica, tanto que impresionó al propio George Lucas que rodó aquí su “Guerra de las Galaxias”.

  

Después de conocer como vive una familia bereber pusimos rumbo a las cercanías de Douz, donde teníamos concertada una pequeña incursión al desierto del Sahara a lomos de un dromedario. La experiencia fue muy positiva y nos permitió apreciar las dunas del desierto en 1ª persona.

 

La noche se nos echaba encima (en estas fechas poco más tarde de las 6 empieza a oscurecer) y nos acercamos a Douz, para coger una habitación en el Sahara Douz. Un excelente hotel por poco dinero.

Teníamos que descansar; el día siguiente volvería a ser duro.

DÍA 4: REGRESO DESDE EL SAHARA.

Madrugamos muchísimo, a las 5 de la mañana ya estábamos preparados para salir a la aventura. El objetivo era ver el amanecer en el lago salado de Chott el Jerid.

Objetivo cumplido. Cuando comenzó a amanecer estábamos aproximadamente en el centro del lago, en la carretera que lo atraviesa, construida por el ejercito tunecino.

A las 8 de la mañana comenzamos nuestra visita por el palmeral de Tozeur. Lo hicimos en calesa y fue una agradable experiencia, acompañada por un magnifico día que comenzaba con un sol precioso.

Allí, en el palmeral nos explicaron un poco las especies de flora que hay y como es el día día en el lugar. Una de las cosas más curiosas que nos dijeron es que las palmeras datileras, por la polinización natural se podían llegar a dar unos 20 kg de dátiles y por polinización artificial o manual, es decir subiendo hasta las copas de las palmeras, hasta 100 kg. Por ello es que se realiza la tarea de subir a las palmeras para polinizarlas de manera manual.

Tras el paseo en calesa por el palmeral de Tozeur, nos fuimos a coger un 4×4 que nos llevaría hasta los oasis de montaña.

Salimos de Tozeur por unas carreteras rodeadas de arena en las que, a sus lados, caminaban a sus anchas los dromedarios del lugar.

Llegamos hasta Chebica para ver el viejo pueblo que fue abandonado tras las inundaciones de la década de los 60. Vimos también su oasis; el sorpresivo lugar del que manaba el agua que tan bien hace a los lugareños.

Desde Chebica fuimos rápidamente hasta Tamerza para admirar sus vistas y, ya con el tiempo justo nos volvimos hasta Tozeur para dejar los 4×4 y comenzar nuestra vuelta hacia el destino, con alguna parada ya pensada.

 

Se acercaba la hora de comer y paramos en Gafsa para reponer fuerzas. El lugar donde cominos tenía buena pinta, pero la verdad es que no nos gusto en demasía, pero bueno lo dimos por valido, que remedio.

Continuamos en la carretera después de comer. Veíamos muchísimos puestos en las cunetas vendiendo frutas, comida y garrafas de gasolina pasada, ilegal pero consentidamente, de Argelia. Sin bien la gasolina en Túnez esta a unos 60 céntimos de euro, en Argelia es bastante más barata. También llamaba muchísimo la atención ver corderos enteros colgados en ganchos expuestos en las terrazas de los locales para ser comidos y justo al lado los que aún quedan vivos buscando algo de comida mientras esperan su destino, no sabiendo si les quedan horas o un par de días.

Sobre las 16:30 llegamos a Kairouan, la 4ª ciudad santa del Islam.

Es la ciudad árabe más antigua de Túnez y la primera ciudad del Islam en África. Fue fundada en el año 670. Es considerada como la cuarta Ciudad Santa después de La Meca, Medina y Jerusalén.

Ir siete veces a Kairouan equivale a ir una vez a La Meca, “obligación” que tiene todo musulmán. En esta ciudad de aproximadamente 72.000 habitantes hay más de cien mezquitas repartidas por la Medina y zonas nuevas. De todas ellas destaca la Gran Mezquita, que es una de las pocas visitables en su interior para los no creyentes.

   

Otro de los lugares destacados de la ciudad es el mausoleo del Barbero, donde cuenta la leyenda que en su interior hay guardados varios pelos del profeta Mahoma.

A ultima hora de la tarde llegamos de nuevo a nuestro hotel. Derrotados ya, solo nos quedaba cenar e irnos a dormir para descansar.

DÍA 5: UNAS HORAS POR HAMMAMET.

Este día los dedicamos a Hammamet. Cogimos un taxi hasta la Medina antigua de ciudad, la Medina más pequeña del país. Allí hicimos unas compras y paseamos por las calles sorteando a todos los vendedores que intentaban que entrásemos a sus tiendas a toda costa y con toda clase de artimañas.

En la Medina de Hammamet se encuentra una antigua fortaleza que sin gran cosa que ver llama la atención sobre el resto de la ciudad.

Por la mañana ya habíamos visto todo lo que el centro de Hammamet nos podía ofrecer, así que tras comer nos dedicamos a descansar y disfrutar de las instalaciones del hotel.

DÍA 6: TUNISIA Y ALREDEDORES.

 

Este día era el seleccionado para ver la capital, Tunisia, y parte de sus alrededores. En poco tiempo llegamos a la ciudad y decidimos comenzar la visita por las ruinas de Cartago. Un lugar que merece por la importancia que tuvo en tiempos pasados que por los restos que hoy puedan quedar, aunque aún hay algo.

Después de visitar las ruinas de parte de Cartago, nos fuimos al famoso pueblo, turístico más que nada, de Sidi Bou Said. Empezó a llover y deslució las mil y una postales que se podrían lograr en este pueblo. Paseamos por sus calles y vimos, imaginamos más bien, las vistas que hay del golfo de Túnez y el mar.

Tras comer, fuimos al museo del Bardo. En mi opinión más fama que contenido. Aún no tienen bien explotado el tema de los museos en Túnez. Aunque también es verdad que había varias salas cerradas por obras.

Era ya tiempo de visitar la capital del país. Entramos a su Medina. Enorme, laberíntica, llena de vida y trasiego. Paseamos por sus calles, aprovechamos las terrazas de alguna tienda para admirar estampas panorámicas de la ciudad y regateamos con los comerciantes sin llegar, curiosamente a acuerdo con ninguno en esta ciudad.

 

Tras los paseos y deambular por la ciudad sin ver nada en concreto y quedarnos con cada esquina, fuimos hasta la plaza del ayuntamiento, donde nos pillo por sorpresa una curiosa ceremonia. Era la recogida de la bandera. A toque de tambor y trompeta bajaban la bandera estatal, la doblaban cuidadosamente y se la llevaban hasta la hora de volver a ponerla al día siguiente.

Habíamos visto ya Cartago, Sidi Bou Said, el Bardo y Túnez. Se nos fue en ello el día, que aún son cortos, y nos fuimos de vuelta al hotel para cenar y preparar la visita del día siguiente, que sería el ultimo útil del que dispondríamos.

DÍA 7: RESTOS ROMANOS DE DOUGGA.

Madrugamos de nuevo para coger el coche alquilado e introducirnos en la carretera en dirección al interior del país. El primer destino serían las ruinas de Dougga. En este día contamos con la compañía de David y Virginia, una pareja de Madrid que conocimos en el hotel y con la que congeniamos muy bien.

Para llegar a Dougga ya no existen autopistas, es la mayoría por carreteras secundarias y es por ellas por donde mejor se ve lo que realmente es el país. Veríamos muchísimos corderos colgados e las terrazas de los locales y cientos de puestos en las cunetas de la carretera vendiendo frutas y diversos productos naturales.
El día era malo y debíamos ir con cuidado por aquellas carreteras. Estábamos camino de Zaghouane cuando nos ocurrió algo muy curioso pero que ya nos habían contado que nos podría pasar. Un policía nos dio el alto para que lo llevásemos hasta la propia Zaghouane, donde iba a trabajar esa mañana. En Túnez son tantísimos los policías que no tienen coches para todos y se ven en la necesidad de parar a los vehículos para que los transporten. El que nos tocó a nosotros era un tipo bastante majo y peculiar.

Por fin llegamos a Dougga. Unas magnificas ruinas romanas que por desgracia no están todo lo bien cuidadas que deberían.

 

La ciudad de Dougga fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997. Hasta los años 60 aún la gente de los alrededores vivía por ahí y no es difícil hoy en día encontrarse con pastores cuidando a sus rebaños y tratando de que les demos algún dinar por cualquier cosa, como por ejemplo intentando “colarnos” unas monedas que dicen que encontraron por las ruinas y que son romanas. Es totalmente falso, no piquéis.

Entre los restos de este lugar destacan sobre los demás el teatro, el Capitolio y los templos de Saturno y Juno Caelestis.

Tras ver tranquilamente las ruinas nos fuimos hacia La Goulette. Un asentamiento pesquero cerca de la capital. Es un lugar de alto standing donde acude la gente adinerada del país a pasar su tiempo libre etc.

Comimos en un restaurante famoso allí por sus pescados y su amplia carta. Para nosotros fue como un menú en un restaurante medio de aquí pero allí es un pequeño lujo. Aún se nota gran diferencia y a mi personalmente me daba algo de apuro la situación.

Tras comer queríamos ir en busca de unas buenas vistas en la zona de la península cercana a la capital, pero el mal tiempo nos frustró ya que con lluvia y niebla las vistas no iban a ser nada buenas. Por ello nos conformamos con ver pueblos cercanos.

En Soliman pedimos permiso al Imán para poder entrar a ver una mezquita por dentro y, la verdad es que fuimos afortunados porque nos dejo entrar exceptuando la zona de oración, la cual vimos porque las puertas estaban abiertas de par en par.

Con respecto a las mezquitas tengo que decir que me ha decepcionado un poco. Esperaba que en un país musulmán habría alguna que descase y que fuese bonita, pero nada, ni siquiera el Kirouam que es la 4ª ciudad santa del Islam. Esta claro, que como aquí no todas las iglesias pueden ser catedrales pero alguna hay. Me parece infinitamente más bonita la mezquita de Córdoba o el antiguo minarete de Sevilla que cualquier mezquita que haya visto en Túnez y yo, esperaba que en un país musulmán hubiese alguna que destacase, pero nada.

Ya habíamos agotado el día y cuanto más nos acercábamos al hotel más cerca veíamos la hora de la vuelta a casa. Al día siguiente deberíamos acudir pronto al aeropuerto para tomar el avión. Solo nos quedaban unas horas para realizar las compras de ultima hora cerca del hotel.

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