PARÍS DE ENCANTO.

Durante el puente de la Inmaculada decidimos hacer un viaje relámpago. No costó mucho elegir el destino ya que había una ciudad tras la que llevábamos algún tiempo. París, la ciudad de la luz.

Teníamos ganas de conocer la capital gala. Estar bajo la torre Eiffel, en la sala de la Gioconda o en la avenida que durante años conquistó Miguel Indurain.

Concertamos para esta ocasión el hotel en un barrio periférico, Bagnolet. Se trata del “Hotel Campanile Bagnolet”. Muy bien comunicado, pues tiene la parada de metro a 40 metros de la puerta y en 20 minutos estas en el centro.

La habitación era muy limpia y aunque un poco pequeña da de sobra para un viaje de este estilo.

Para movernos usamos el metro y caminamos mucho (la mejor forma de conocer las ciudades). En el suburbano (el más antiguo de Europa) empleamos el “carnet 10 tickets” que vale 11,40€ y que no es otra cosa que 10 billetes comprados a la vez con un importante descuento.


Para el crucero por el Sena fuimos con la compañía “Bateaux – Mouches”.

Hicimos una excursión al barrio de Montmartre y, para ella, nuestro guía fue una maravilla. Nos explico muchísimas cosas, con datos y curiosidades muy interesantes. Se llamaba Juantxu y por sí él, o alguien del grupo de Nervión, lee esto, pues un saludo.

SÁBADO 6:

Llegamos a París alrededor de las 10 de la mañana y como hasta las 14:00 no nos darían la habitación en el hotel, decidimos acudir a realizar una visita panorámica a la ciudad que teníamos contratada.

P1040180Durante esa visita en la que vimos, desde el autobús, casi todo lo destacable turisticamente de parís, Torre Eiffel, Notre Dame, Louvre, Arco del Triunfo, etc. Nos bajamos en el Trocadero para disfrutar de una de las mejores vistas de la Torre Eiffel.

En esa misma visita realizamos otra parada, esta vez bajo la torre y de una una hora aproximadamente.

Aprovechamos ese tiempo para ver la torre desde abajo y desde los champ de Mars, y también el Hotel de los inválidos, antiguo hospital para los heridos en las guerras, donde hoy se encuentra el francés probablemente más conocido, Napoleón.

Con todo esto habíamos agotado la mañana y llegó la hora de entrar al Hotel y comer.

Por la tarde a eso de las tres y media continuamos nuestro día por París. Debíamos aprovechar el tiempo al máximo ya que la noche caería pronto.

Nos desplazamos en metro hasta la zona de Montmartre (parada de Anvers) y tras subir unas escaleras en las que hay gente tocando y cantando temas de los Beatles, llegamos al punto natural más alto de la ciudad.

Montmartre es el barrio más bohemio de París, gracias al arte de pintores como Picasso que un tiempo se ganó aquí la vida y artistas de gran talla que poblaron la zona.

En lo más alto de este barrio se alza la iglesia Sacré-Coeur, una basílica que se construyó para honrar la memoria de los más de 50.000 soldados franceses muertos durante la guerra franco-prusiana.

En su preciosa fachada destacan 2 estatuas ecuestres que representa a San Luis y a Juana de arco. Y en su interior sobresale sobre el resto el gran mosaico de Cristo, de estilo bizantino.

Tras salir de la basílica nos dirigimos a la plaza de los pintores, a escasos metros, donde aún quedan artistas dispuestos a retratarte por unos pocos euros.

Ya había caído la noche y era el momento de acercarnos a la zona de pigalle, callejeando por las calles disfrutando de sus plazas y el arte de sus calles.

Por fin llegamos a Pigalle, donde hace tiempo se concentraban las salas de bailes y los cabarets y hoy han sido sustituidos por espectáculos eróticos. En la zona se halla el molino más famoso de París, el Moulin Rouge.

Ya para poner la guinda a un gran día en la capital francesa nos dirigimos a uno de los numerosos embarcaderos que hay en las orillas del río Sena para realizar uno de esos cruceros que enseñan la ciudad desde el agua. Como lo más llamativo destacamos la Torre Eiffel iluminada.

Tras el crucero nos desplazamos agotados a nuestro hotel para cenar y descansar. El próximo día sería aún más duro.

 

DOMINGO 7:

Madrugamos mucho para poder disfrutar al máximo y evitar en la medida de los posible las colas que se formarían en torno a las entradas de los monumentos.

Nuestro primer objetivo en este día iba a ser el museo del Louvre. Acertamos con la hora ya que “solo” esperamos unos 15 minutos para entrar, algo muy positivo tratándose del primer domingo de mes, cuando la entrada es gratuita.

En este museo se podría estar 2 meses viendo arte y no haberlo abarcado todo, así que, hicimos una lista con lo que realmente no nos podíamos perder. La Gioconda, la Victoria de Samotracia, la Venus de Milo, el código de Hammurabi, la encajera y La Libertad guiando al pueblo de Delacroix….

Sobre la una salimos del museo para poder ver todo lo que nos quedaba de París. Nos alejamos del Louvre por las Tullerías, unos magníficos jardines públicos, con destino a la place de la Concorde. Una de las plazas más grandes del mundo, donde se encuentra el Obelisco procedente del templo de Luxor en Egipto. Conocida por ser el lugar en el cual durante la revolución se dispuso la guillotina en la fueron ajusticiados entre muchos el rey Luis XVI y María Antonieta.

En sus alrededores se encuentra la Asamblea Nacional, sede del parlamento francés y un poco más alejada la iglesia de la Madeleine.

En esta plaza es donde comienza la avenida más famosa del mundo, los Campos Elíseos, que termina aproximadamente 2 kilómetros más lejos en la plaza Charles de Gaulle, donde se erige el Arco del Triunfo.

En el arco del Triunfo además del propio arco merece la pena echar un vistazo a la tumba del soldado desconocido. Un monumento a soldados caídos por Francia que tiene, siempre, una llama encendida.

Tras esto el hambre hacia su llamada y cogimos el metro para ir de nuevo a los campos de Marte y comer sentados en un banco viendo de fondo la maravillosa Torre Eiffel.

Después de reponer fuerzas paseamos desde la torre por la orilla del Sena, el Quai Branly y el Quai D´Orsay hasta llegar de nuevo a la Asamblea nacional donde cogimos el metro hasta la Ile de la Cité. Allí nos esperaba la majestuosa catedral de Notre-Dame con sus llamativas gárgolas.

Una vista rápida a la catedral y cruzando uno de los numerosos puentes que comunican la isla nos dirigimos a La Sorbona, la universidad por excelencia. Y un poco más lejos el Pantheón, lugar donde reposan los restos de grandes hombres de la patria, como Voltaire, Victor Hugo o Louis Braille.

En un principio se pretendió que se pareciese al Panteón de Roma pero, dicen los expertos que tiene más similitud con la Catedral de San Pablo en Londres.

Con esto ya casi habíamos terminado nuestra visita a París, tan solo nos quedaba algo que al 99% de los turistas no les interesa mucho pero, que a nosotros por ser el patrón de nuestra villa si nos interesa. Hablo de la iglesia de San Severino, algo que debíamos visitar por eso mismo, por ser nuestro patrón. Y aún siendo precioso todo lo que tiene París he de decir, con todos los respetos, que la nuestra es más bonita.

El resto de la tarde (ya noche) la dedicamos a realizar alguna compra por los Campos Eliseos y a comer el típico creep.

Aquí finalizamos nuestra visita a esta maravillosa ciudad a la que sin duda tenemos intención de volver, pues nos queda en el tintero Versalles y los parques temáticos, Disney y Asterix.

  

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